El machismo mata / El feminismo ahoga
Estamos inmersos en una sociedad de siglas, conceptos y clasificaciones, en un mundo en continua contradicción. Por un lado, la imparable globalización, concepto amplio y supuestamente unificado, por el otro, nuestro implacable empeño de encasillar y marcar diferencias, a la par que perseguimos las tendencias de la moda, las marcas, los estereotipos y las vanguardias. Que fatalidad o festividad, no sé que pensar, no soy capaz de considerar válida una corriente, ni siquiera sé si es conveniente, si es bueno o malo, constructivo o perverso, quizás sea la manera más fácil y simplista de ocupar nuestra mente.
Estoy un poco sorprendido o más bien alterado por este deseo insaciable, hemos pasado de luchar contra el sexismo a batallar con el sexo. De siempre pensé que los extremos no son buenos, no deberíamos pasar del machismo al feminismo, en ningún caso justificar una discriminación con otra, ni contar para actuar, la defensa de las personas no debe estar sujeta a modas o tendencias, la sociedad cambia, no a golpe de tacón, sino gracias a la educación como arma fundamentada en la tolerancia, la igualdad, la progresividad, la adaptación y la convivencia, para marcar tendencia y esencial en el desarrollo de la persona como camino o utopía hacia la que dirigirse.
Yo necesito ser persona y deseo ser tratada como tal, no quiero ser hombre o mujer, heterosexual, bisexual, transexual o metro-sexual, tampoco ser machista ni feminista, por ello abogo y me declaro igualista, dícese del que no ve sexo sino personas.
Estamos inmersos en una sociedad de siglas, conceptos y clasificaciones, en un mundo en continua contradicción. Por un lado, la imparable globalización, concepto amplio y supuestamente unificado, por el otro, nuestro implacable empeño de encasillar y marcar diferencias, a la par que perseguimos las tendencias de la moda, las marcas, los estereotipos y las vanguardias. Que fatalidad o festividad, no sé que pensar, no soy capaz de considerar válida una corriente, ni siquiera sé si es conveniente, si es bueno o malo, constructivo o perverso, quizás sea la manera más fácil y simplista de ocupar nuestra mente.
Estoy un poco sorprendido o más bien alterado por este deseo insaciable, hemos pasado de luchar contra el sexismo a batallar con el sexo. De siempre pensé que los extremos no son buenos, no deberíamos pasar del machismo al feminismo, en ningún caso justificar una discriminación con otra, ni contar para actuar, la defensa de las personas no debe estar sujeta a modas o tendencias, la sociedad cambia, no a golpe de tacón, sino gracias a la educación como arma fundamentada en la tolerancia, la igualdad, la progresividad, la adaptación y la convivencia, para marcar tendencia y esencial en el desarrollo de la persona como camino o utopía hacia la que dirigirse.
Yo necesito ser persona y deseo ser tratada como tal, no quiero ser hombre o mujer, heterosexual, bisexual, transexual o metro-sexual, tampoco ser machista ni feminista, por ello abogo y me declaro igualista, dícese del que no ve sexo sino personas.