Monserrat

Una delicia de la calle, un puntito dulce, se trata un bocadillo de superobleas untadas con piña (una deliciosa crema), queso laminado y un chorrito de frambuesa y chocolate, una maravilla para el paladar. Después de comer se hace necesario un cafelito, existen muchos establecimientos para su degustación por doquier y las mesas se decoran con granos del café bajo el cristal. Una visita imprescindible es la visita al Monasterio de Montserrat, para el acceso existen variados tipos alternativos de medios bien sea andando, en coche, por funicular y el teleférico. Yo elegí este último, las vistas son mejores, amén de tener en cuenta que no tengo coche (lo vendí). Había poca gente, cosa que me alegro la visita se hace más amena y tranquila, desde arriba una vista impecable de la naturaleza al norte, definitivamente me siento a gusto en ella, y al sur la gran urbe bogotana, de donde emana un ruido suave a pesar de la altura. La vista estaba copada por una gruesa capa de nube acuosa, sin embargo desde el teleférico pude observar la grandiosidad de la ciudad. Montserrat es un monasterio de peregrinación donde se esconde una pequeña y curiosa sala plagada de placas, algunas "marmólicas", de agradecimiento al espíritu divino por diversas cuestiones, tiene un Cristo caído como obra artística y una Virgen que le da nombre, creí estar el Cataluña. Planificado con autoservicios y venta de recuerdos varios, siempre que veo estos montajes me viene la imagen de Cristo con látigo en mano expulsando a los mercaderes del templo, pero claro la pela es la pela. Esto tiene que ser un bullicio infernal en época de máximo fervor. Dos restaurantes dan la oportunidad de elegir para comer o cenar si tienes buena compañía. Desde aquí saludo a Andrea, una chica que conocí el mi viaje de venida a esta su país, que espero que me deleite esta noche con su compañía. Esperanza para mañana toca.