
Vacas por doquier, animales hermosos, orondos, pausables, tranquilos, de mirada dulce y curiosa, desconfiados y huidizos, cuernos afilados, hermosos terneros, pasos tranquilos y lengua rugosa, de voz ronca y tosco mugido. Me encantan, aún no se porque, caca olorosa, plastosa, las moscas pastan a sus anchas por doquier, olor penetrante y peso abismal. Siento una atracción cuasi-fatal por iglesias y vacas, extraña combinación, pareja histórica en periodos pasados de religión, entorno rural, superviviente economía, anchos pastos, vías pecuarias, caciquismo y vida supuestamente pausada. La similitud: ingenuidad de estos animales, la confianza que les lleva al matadero, al desasosiego, a la venta, al abandono, a la elaboración de un plato o a la composición culinaria creativa.