La sociedad sigue aparentando, no puede deshacerse de ese maldito estigma, yo lo sufro, también al final lo arrastro, es inevitable, no es totalmente diluible. Aparentar lo que se es, lo que no, lo que será, sería y lo que se pretende ser, es un absurdo, una locura, un desasosiego, aunque en definitiva es simplemente una manera de ser, de esta y de sentir.
Ser bueno o malo, es una puta mentira, una irrealidad, e incluso una irresponsabilidad. Está mal robar, aunque si se trata de un ladrón te dan mil años de perdón, ¿quien define al pillo?, ¿quien determina el límite?, vaya patraña, vaya robo, cuida tus espaldas, que no te marquen o te quedaras con nada.
Sentir tu limitada libertad no tiene parangón, márcalo cual perro en celo, mea continuamente si hace falta, dispara a matar, herida de muerte, sin esa parcela no eres nadie, tu espacio, tu yo, tu mismo, que no se extinga, no te dejes convencer, es lo único que posees, el resto viene y va, cual pajarillo silvestre en el vaivén incesante de su vida crepuscular.
Dime, ¿Eres feliz?.