Dos

Los gatos seguían en su sitio, me miraron extrañados a mi paso, quizás la luz del atardecer les confundió en sus costumbres, pero aquel día había cambiado mis des-hábitos y al llegar a casa algo más temprano que de costumbre, no pude echar de menos a nadie, la casa estaba tibia, en penumbra, me resultó acogedora, es mi hogar, un refugio propio donde acudir ante cualquier circunstancia, solo o en compañía. Me dirigí al ventanal del salón sin pensar, ni siquiera encendí la luz, me quedé iluminado con el reflejo exterior, en un estado hipnótico, no quise hacer nada, solo mirar al futurible y el horizonte me acompaño como tantas veces por unos momentos. Convivir en dos es una situación que aún me falta por experimentar.