Hacia donde

Otro viaje en tren, música acertada, día de lluvia, otro rato mío, un intento de pensamiento. Es difícil concentrarse, si pienso en que pensar no se centrar mi mente, no me encuentro, voy y vengo, me disperso, empiezo para no continuar o inicio un interminable. Cuando me ocurre esto, siento que es tan solo un reflejo de mí, con unos cuantos intentos fallidos, algunos amagos y pocos finales.

Mientras escucho la selección musical desconecto, centro la atención en las notas, en la composición y en el resultado del deleite musical. Me ayuda a vislumbrar deseos, a plasmar la irrealidad idílica hacia la que no se si seré capaz de dejarme arrastrar, aunque tengo el convencimiento que me liberará, ya que estoy seguro que romperá por si misma las ataduras intrínsecas del pensamiento futurible inmediato.

En tanto, creo saber que uno de los elementos castradores que me rodean, tienen que ver con pensar. Dicen que agilizan la mente y mimetiza las actuaciones más íntimas, pero en mi caso y en lo que a mi yo respecta, además desarrolla un efecto introvertido que frena la relajación emocional. Para contrarestar, me esfuerzo en sonreír, más cuando estoy solo, experimentando un bienestar sincero difícil de superar, y aunque hace tiempo que no lloro, también esto me produce un bienestar, esta vez libertino.