Tres

Los pájaros revolotean sin descanso, la pausa se convierte en pecado mortal en su caso, cesar en la alada significa perder altura, lo que implicaría una inapropiada manera de errar el rumbo y tal osadía costaría de una manera descorazonada, la misma cantidad de grano que es capaz de almacenar una hormiga ornitorrinco, sin ayuda alguna durante la primavera de 1970. Fue un bonito año, desde su inicio las luces en la madrugada desteñían por su intensidad y hasta las cigüeñas decidieron acampar de manera estable, hasta que principios del verano el intenso calor de aquella estación arruinó sus intensiones. En ese tiempo y durante nueve meses se gestó la idea original, los pensamientos viajaban de acá para allá tratando de adivinar el resultado, ya que por mucho que la intensión sea buena nunca sabes como saldrá. Tras la tercera noche y a poco de empezar el segundo trimestre del año, contractár se convirtió en un dolor intenso, ya que no por ser querido duele menos, las aguas se abrieron y de ellas una envolvente mezcla de elementos originarios pusieron de manifiesto la consecuencia, o quizás deba decir el logro, debído a que ahora parece inoperante, para ciertas mentes estrechas, no hacer distinciones. De este logro aún no se sabe muy bien que salió, pero ahora ya quedan tres y eso es lo que importa hoy.