Ya somos más europeos
Ha sido mi primera vez, la satisfacción fue plena, es bonito tener experiencias de iniciación que te dejen tan buen sabor de boca, podría decir que hemos pasado cuatro días con la sonrisa en la boca. Nuestra llegada a Bruselas fue un poco estresante, nunca había realizado un trayecto en bus tan corto como el que ejecutamos con inicio y fin en la misma parada, una sensación de nerviosismo inundó nuestro ánimo cuando nos dijeron que la reserva del hotel estaba anulada … salvado el escollo, todo fue de perlas. La visita al parlamento se adelantó, por lo que fue lo primero que hicimos a nuestra llegada, una vez alojados en el hotel alternativo y tras el avituallamiento correspondiente, devoramos las calles de Bruselas, la gran plaza espectacular. Al día siguiente viaje a Brujas, encantadora ciudad que evoca las mas cuenteras historias, y Gante, donde tuvimos el primer momento de unión fraternal. De regreso a Bruselas y tras una liviana cena, unas cervecitas en el elefante rosa, un lugar donde cuelgan las bandejas del techo y la pasión trilera campa a sus anchas. El sábado tocó viaje a Namur, tras una visita general una parte del grupo decidió dirigirse a la fortificación y la otra hacer un paseo en barcaza, tras la reunión entorno a otra cervecita, se creó el sexteto o grupo B, nos quedamos tomando otra mientras el grupo se dirigió buscando una relajación en el hotel. Tras nuestro regreso a Bruselas cenamos en Pharnesos, un pequeño restaurante al estilo griego, donde comimos carne de argentina y atendido por una guapa italiana, que tras un comienzo estirado conseguimos doblegar, con el cielito lindo y algunas otras más. Los mojitos en el Che Guevara, nos trasladaron al corazón de cuba, donde desgañitamos nuestras gargantas y movimos nuestros esqueletos hasta agotar los últimos recursos de energía viajera. El domingo rematamos la faena con una visita al resto de Bruselas.