Blanca Navidad

Vaya día de Navidad más granizado que pasamos. Este año tocaba en Málaga y no podíamos imaginar lo complicado que sería reunirse bajo una misma mesa para cenar en torno a este día. Por la mañana salimos a pasear, hacía un día envidiable con un toque de frío, normal en esta época del año, pero con su solecito, curioseamos en una tienda de pavimentos y realizamos las compras de última hora y tras la comida emprendimos la típica ruta por el paseo marítimo que nos lleva desde La Caleta de Vélez hasta Torre del Mar, a la vuelta la matriarca fue a preparar la casa para el popular acontecimiento navideño, mientras yo me fui con Isabel a colocar el último artilugio que trata de prevenir la caída de los enanos, en este caso de Carlos junior dos, por las escaleras.

Cuando se acercaba la hora de la cena, el cielo se fue oscureciendo, sonaron relámpagos y parpadeo el cielo, en cuestión de treinta minutos regurgitó violentamente una masa ingente de granizos como canicas, que consiguieron crear una musicalidad martilleante y una capa de manto blanco que ponía la guinda a esta navidad, en un lugar donde nunca antes había visto las calles de esta guisa.

Comenzó entonces la odisea para acercarnos a la casa maternal para degustar las viandas, intentamos la salida prevista, pero los coches quedaron inutilizados ante el hielo que se creó, así que en principio se avecinaba una noche con cena improvisada de hamburguesas que ya pusimos a descongelar, el pensamiento en el marisco sin catar, solitario y triste, puso nuestros mojados pies en el camino nevado, vimos coches atascados, bomberos achicando agua, tropezones, improvisados fotógrafos que querían dejar para el recuerdo tan magnífico acontecimiento y la imagen insólita de la playa blanquecina, al menos nosotros llegamos al destino.