La luna lunera está en pleno apogeo, nunca me había parado a observar el efecto que en un cáncer como yo produce esta situación cíclica de este bello reflejo en el cielo. Me he observado gracias a un recordatorio surgido en medio de una discusión existencial sobre el esfuerzo que supone una subida por el empinado y más corto camino romano frente a la larga y de suave desnivel, fue una buena manera de andar entre arboles, algo de nieve, frío y buena compañía, me encantó un pateo serranero, estaría bien haber terminado frente a una chimenea, un chocolate calentito y quien sabe si hasta con algo que comer. De momento parece que todo va bien, quizás algo más de energía, pero con apenas relevancia, veré como evoluciona en los próximos días, ya que a veces soy de efectos retardados, en todo caso y si me acuerdo, observaré el efecto del antireflejo con la luna nueva, quizás en esa ocasión me transforme.