
Estoy seguro que no he inventado nada, ya conocía la versión “uno” de la tortilla de patatas fritas “falsas”, que se elaborar con las susodichas de bolsa de toda la vida de la tienda de la esquina, que como ocurre con el apasionado degustador de caracoles, son las mejores que las de plaza de algún santo a las que se le debe el nombre. Esta experimentación surge porque tengo dos bienes perecederos, en la nevera tres huevos y en la despensa otras tantas patatas y como es Semana Santa y me quiero ir para Málaga, aunque aún no tengo billete, no es cuestión de adquirir ningún elemento perecedero más, además freír aún considero que ensucia demasiado.
Primero una buena compañía, a falta de una femenina elegí la voz del Cigala y el olor de incienso indú, luego dispuse la cazuela para cocer la patata más grande y uno de los huevos, me lo comeré otro día pero quise aprovechar la cocción, batí los otros dos huevos e incorporé un chorreoncillo de leche, freí cebolla que siempre le da un buen sabor a este plato, al punto dorado incorporé la patata en tacos, a su punto de rehogo mezclé con el huevo, en el punto de mezcla elaboré el plato. Para acompañar una copa de montilla, me ha parecido estar de tapas por Córdoba.
Primero una buena compañía, a falta de una femenina elegí la voz del Cigala y el olor de incienso indú, luego dispuse la cazuela para cocer la patata más grande y uno de los huevos, me lo comeré otro día pero quise aprovechar la cocción, batí los otros dos huevos e incorporé un chorreoncillo de leche, freí cebolla que siempre le da un buen sabor a este plato, al punto dorado incorporé la patata en tacos, a su punto de rehogo mezclé con el huevo, en el punto de mezcla elaboré el plato. Para acompañar una copa de montilla, me ha parecido estar de tapas por Córdoba.