Con los días que pasan, con cada salida del sol o con la puesta de largo lunera, se consolida la idea de estar para pocas "tonterias", sé donde está Vicente Lopez, estuve a punto de ir en su día. Allí puede que al regresar del supermercado, encuentres una sirena en una de las latas de sardinas que hayas comprado, debes saber que crecerá y se meterá en tu bañera a chapotear, al final tendrás que llevarla a un lago de cálida humedad. Cuando la lleves, quedate en la orilla y pide que te lea el cuento del bufón sin sombra .....
¿Y que hay verdaderamente en nuestro interior, debajo de la última piel? -preguntó.
No puedes verlo, pero sí oirlo -respondió la bufona-, y a veces incluso sentirlo.
Se aproximó a él y le acercó la cebeza a su pecho.
¿Oyes como palpita? -preguntó- Es el corazón. Tú también tienes uno.
El bufón suspiró profundamente y se quedó pensativo.
Me parece -dijo la bufona- que podríamos pasarlo bien juntos, ¿no?.
La bufona se sentó a la orilla del pantano, con los pies colgando sobre el agua.
Él se sentó junto a ella y se estremeció.
Sí -respondió.
Y al decirlo, sintió su corazón, allá en lo hondo; era tan cálido que todo él se tembló. Se apoyó en la bufona, y la bufona se apoyó en él, y las sombras de los dos se fundieron en una.
¿Y que hay verdaderamente en nuestro interior, debajo de la última piel? -preguntó.
No puedes verlo, pero sí oirlo -respondió la bufona-, y a veces incluso sentirlo.
Se aproximó a él y le acercó la cebeza a su pecho.
¿Oyes como palpita? -preguntó- Es el corazón. Tú también tienes uno.
El bufón suspiró profundamente y se quedó pensativo.
Me parece -dijo la bufona- que podríamos pasarlo bien juntos, ¿no?.
La bufona se sentó a la orilla del pantano, con los pies colgando sobre el agua.
Él se sentó junto a ella y se estremeció.
Sí -respondió.
Y al decirlo, sintió su corazón, allá en lo hondo; era tan cálido que todo él se tembló. Se apoyó en la bufona, y la bufona se apoyó en él, y las sombras de los dos se fundieron en una.