Me levanté sin muchas ganas de pedalear, así que hoy tranqui, entre el desayuno tardío, indicaciones contradictorias y que estaba todo cerrado por fiestas, hasta las 9,30 no emprendí camino a Málaga, mi destino de hoy.
Al final de la cuesta “indecisoria” por donde seguí no estaba bien indicado por lo que tuve que parar y orientar las referencias que tenía. Por fin encontré el camino hacia el Puerto de la Escareuela, allí me esperaba un camino de cabras imposible de seguir y subir en bici, así que con un pulpo que por casualidad de la vida incorporé en el equipo de viaje improvisé unos tiros y como un burrito de carga tiré “pariba”, de esta manera me resultó mas llevadera la subida aunque el viento en contra fue otro “jandicat”, al llegar la satisfacción de conseguirlo fue inmensa, desde allí unas vistas impresionantes y una merecida bajada tan relajante que perdí las indicaciones del camino. Al llegar al cruce con la carretera decidí improvisar hasta el final por carreteras de última categoría, me quedé a dos kilómetros de Villanueva de la Concepción ya que tiré por Pastelero.
En Almogía estaba todo cerrado salvo el hogar de los jubilados, donde me sentó bien la cervecita sin alcohol con una tapita de caballa. Al preguntar sobre los caminos se creó un pequeño caos, ya que todos querían dar su opinión y yo no supe inicialmente explicar bien lo que quería, me centre con un señor que parecía saber lo que decía y me indicó por camino de Los Núñez, ya que el camino que tenía señalado en mi mapa no estaba bien indicado, que me llevaría a esta aldea y de allí ya me indicaron hasta Campillo. En este punto me topé con una tipo del que me estuve acordando toda la tarde y parte del día siguiente, me indicó para el Arroyo de la Miel tras alardear de las caminatas que se pega en bici y de las aventuras corridas. Resultó que me mandó a tomar viento por un recorrido innecesario y lleno de tráfico por Cartama y Churriana, total que en este viaje me han salido rana algunos consejos.
Por fin llegué a mi destino, hogar dulce hogar. Aquí estaré unos días con Pilar y Alex, después hacia Caleta de Vélez con Isabel, Antonio y Carlos y finalmente Granada para tomar un tren a Linares y de allí a Madrid, a casa.
Al final de la cuesta “indecisoria” por donde seguí no estaba bien indicado por lo que tuve que parar y orientar las referencias que tenía. Por fin encontré el camino hacia el Puerto de la Escareuela, allí me esperaba un camino de cabras imposible de seguir y subir en bici, así que con un pulpo que por casualidad de la vida incorporé en el equipo de viaje improvisé unos tiros y como un burrito de carga tiré “pariba”, de esta manera me resultó mas llevadera la subida aunque el viento en contra fue otro “jandicat”, al llegar la satisfacción de conseguirlo fue inmensa, desde allí unas vistas impresionantes y una merecida bajada tan relajante que perdí las indicaciones del camino. Al llegar al cruce con la carretera decidí improvisar hasta el final por carreteras de última categoría, me quedé a dos kilómetros de Villanueva de la Concepción ya que tiré por Pastelero.
En Almogía estaba todo cerrado salvo el hogar de los jubilados, donde me sentó bien la cervecita sin alcohol con una tapita de caballa. Al preguntar sobre los caminos se creó un pequeño caos, ya que todos querían dar su opinión y yo no supe inicialmente explicar bien lo que quería, me centre con un señor que parecía saber lo que decía y me indicó por camino de Los Núñez, ya que el camino que tenía señalado en mi mapa no estaba bien indicado, que me llevaría a esta aldea y de allí ya me indicaron hasta Campillo. En este punto me topé con una tipo del que me estuve acordando toda la tarde y parte del día siguiente, me indicó para el Arroyo de la Miel tras alardear de las caminatas que se pega en bici y de las aventuras corridas. Resultó que me mandó a tomar viento por un recorrido innecesario y lleno de tráfico por Cartama y Churriana, total que en este viaje me han salido rana algunos consejos.
Por fin llegué a mi destino, hogar dulce hogar. Aquí estaré unos días con Pilar y Alex, después hacia Caleta de Vélez con Isabel, Antonio y Carlos y finalmente Granada para tomar un tren a Linares y de allí a Madrid, a casa.