De Martos hasta Antequera

A las 6 sonó el despertador, aunque hasta media hora después no me incorporé al mundo real, ha dejado de llover pero el cielo está encapotado, unos churritos (no muy buenos) con café y la l`carnitina de rigor.

Un día con nubes se agradece, así el calor se disipa entre la brisilla. Hasta Luque cuesta abajo, un bonito recorrido entre olivos centenarios, viaductos y un cachorro de galgo que me siguió un buen trecho, quizás hasta que comprendió que no sacaría nada de mí o simplemente que no era su dueño. En la estación de Luque un merecido descanso.

Por delante Zuheros y Doña Mencía en un trayecto en cuesta arriba y bastante transitado por los lugareños que paran en el estratégico bar de la cima. Desde allí hasta la estación Cabra de nuevo en una agradecida bajada. Han hecho de esta lugar un centro de interpretación del ferrocarril con vagones, una vieja locomotora muy bien conservada y un muy agradable bar-restaurante. De este trayecto destacar a un tipo cubierto con un tapa rabos en lo alto de una bicicleta, que impresión y que daño…jeje.

Cerca de Lucena aparece la “Casilla Museo del Ferrocarril de Lucena” en homenaje a los ferroviarios, la regenta un hijo y nieto de esta labor, que estuvo allá hasta los trece años y que la añoranza le hizo alquilar por 80€ al mes y adecuarla, ahora está detrás de que el Ayuntamiento la coja como museo y poder rentabilizar el gasto realizado. En Lucena se acaba la vía verde, a partir de ahora otro tipo de camino me espera sin saber muy bien por donde va.

Hasta Encina Reales he tenido muchas dudas sobre el trayecto pero me orienté bien, he llegado agotado y aunque barajé la posibilidad de quedarme no hay sitio donde dormir. Entro en una taberna a tomar algo líquido y entablo conversación con unos simpáticos lugareños pero algo bebidos que quieren indicarme alternativas de trayectos a mi destino, en este punto no les hago caso, ya que lo que me interesa es donde podría alojarme, uno de ellos me ratifica que en un pueblo por los que va mi trayecto hay alojamiento seguro y aunque estoy cansado decido hacer el esfuerzo para poder dormir en cama. Salgo hacia Cuevas Bajas ya en la provincia de Málaga y continúo hasta Cartaojal donde para mi sorpresa hace ya más de veinte años que cerraron la posada esperada. De nuevo el bar es el punto de encuentro, allí cuento mi historia y cuando me disponía a salir para Antequera a unos 15 kilómetros, agotado, con las luces y el reflectante, el dueño del bar pone su furgoneta a mi disposición y Paco se ofrece a llevarme a un alojamiento que el conoce cerca de su casa en Antequera, que resultó muy acogedor y barato …. Mil gracias.