En casa

Tras dos días geniales y un desayuno churrero emprendo camino a la Caleta de Vélez. El camino es llano y básicamente sencillo, tan solo he de seguir la línea del mar, el único lugar que no tengo controlado es el paso del Guadalhorce, al llegar un biciclitero mayor me indica la manera más natural de atravesar el río, la reserva de aves, que me lleva a una playa desierta en la que aprovecho para un descanso y un baño desnudo al sol tratando de compensar el color exterior. El río se pasa bicicleta al hombro y hundido hasta la rodilla, a partir ese punto enfilo el paseo marítimo de Málaga hasta Pedregalejo donde me esperaba un tinto con limón, un espeto y un rico helado ... de lujo.

Renovada el alma terrenal no paro hasta la playa nudista de Almayate, donde me turba el placer de sentir el cuerpo libre entre fría agua. En la meta me espera un baño gritón, una cenita familiar y un merecido descanso. Llegué con unas ganas locas de paella, así que fue de obligado cumplimiento.

Con dos días de familiaridad parto rumbo a Granada por el puerto de Zafarraya, que me llevó unas cuatro horas contando las paradas. Camino de Alhama de Granada y cansado de carretera topo con un camino directo a este lugar donde por el orden del helado de rigor, un tinto con limón, tortilla y unas patatas me doblega a la siesta. Una vez activo pasé por Cacin y Ventas de Huelma y finalmente llego a la tierra del famoso amanecer.

Lo primero la estación de autobuses para ver las posibilidades que se me ofrecen, seguí el consejo de pasar noche aquí, degustar unas cervecitas con sus agraciadas tapas y partir hoy en un autobus tipo vip a Madrid, eso sí, tuve que hacerme con rollos de film transparente para embalar la bici. Por la mañana una visita en bici por los alrededores de la Alhambra, de lujo. Una vez en Madrid me entró mono de bici, así que no cogí el tren.

Unos 443 kilómetros, no ha estado mal, me siento satisfecho, toda una experiencia. He de reconocer que en ocasiones estaba hasta los "güitos". Seguiré intentándolo.